Concurso para sede del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de la Región de Murcia
Avda. Alfonso X “El Sabio” - Murcia

2005
MEMORIA DE LA PROPUESTA:

1.- Nuestro mundo. Complejidad, Perplejidad, Frustración.

El "ocaso de los grandes relatos y la fragmentación de las áreas del saber", (Lyotard), la multitud de lenguas babélicas en torno al conocimiento, la anorexia cultural y la bulimia consumista, la imposibilidad de poder advertir un sentido unitario de la historia y de la realidad (Vattimo), constituyen el fondo "complejo" sobre el que parece asentarse nuestra época. Junto a ello, no es nada despreciable la rapidez con la que nuestro mundo cambia, hasta el punto de que podemos afirmar que hoy en día la realidad cambia más deprisa que el propio hombre, no quedándole al cabo, mas que la sensación de que nuestro mundo se torna inabarcable, como hace notar, Haberlas desde hace dos décadas.

Que la realidad pierda su carácter de abarcable y que por mor de las nuevas tecnologías no seamos capaces de distinguir lo verdadero de lo falso, lo real de lo aparente, quedándonos "la simulación" (Baudrillard) y "el pensamiento débil" (Vattimo) como mecanismo de protección frente a un mundo que se nos presenta como ajeno, sitúa al hombre en "la perplejidad" (Steiner). En definitiva, que el mundo ya no es lo que era parece ser el sentimiento más generalizado. Vivimos en un mundo que no era predecible desde el pasado y que en el frenesí de la incertidumbre no sabemos dónde nos conduce.

2.- Nuestra idea de Construcción. Desvelar al desvelarse, Señorío frente a Esclavitud.

Hasta bien entrada la modernidad, ni el objeto arquitectónico ni el objeto industrial ocultaban el modo cómo estaban construidos. Dicho de otro modo, la técnica, que era el producto más acabado de la razón, se manifestaba con el propio objeto desvelando al mostrarse no sólo para qué sirven los objetos, sino cómo están hechos, que es tanto como mostrar cómo funcionan. Una cosa es cómo se usan las cosas y otra es cómo funcionan. Todos usamos ordenadores, lavadoras, exprimidores, coches, aviones, pero no sabemos cómo funcionan, cómo son, en definitiva qué son. Nos hemos familiarizado con un mundo que en el fondo ignoramos y que sin darnos cuenta nos domina. Prueba de ello es que no podríamos vivir sin tales avances. Nos hemos acostumbrado a pensar condicionados por el modo en que los objetos se usan. Hoy en día, el uso ha suplantado al funcionamiento, el para qué sirve ha destituido al qué es, que es en última instancia lo que nos hace dueños de los objetos (ya en el Jardín del Edén, se nos dijo: "y pondréis nombre a las cosas").

Esta es la razón, por la que, a nuestro modo de ver, la construcción hay más que nunca debería desvelar al desvelarse cómo están hechos los objetos y no ocultar tal construcción sistemáticamente: tanto el proceso técnico como el constructivo. Así quedaría manifiestamente evidente cómo están hechas las cosas y al mismo tiempo cómo funcionan, que es mucho más que saber cómo se usan. De otra parte, la transparencia constructiva inhabilitaría el concepto de vicio oculto. En resumen, frente al uso "el conocimiento", que es una manera mucho más intensa de usar, no en vano vivimos, o al menos esa es nuestra pretensión, en la sociedad del conocimiento.

3.- Nuestra propuesta. Una "U", un Centro y una burbuja-calamar.

La estructura del local es cuadrada y los pilares sólo son sensiblemente ortogonales por lo que la estructura heredada la hemos tenido poco más que ir sorteando. No obstante pensamos que aprovechando la ligera ortogonalidad de la estructura el programa de necesidades podía adaptarse periférica y perimetralmente. Para ello, hemos planteado una "U" que albergará todos los despachos y las múltiples estancias. Esta U posibilita que el recorrido sea interior y continuo alrededor del núcleo de comunicaciones del edificio. A este núcleo además adosaremos los aseos y archivos al objeto de concentrar la "cocina" (siempre hay una cocina) en un solo espacio que además es común y fácilmente accesible desde cualquiera de los despachos.

Por último, pensamos que toda vez que teníamos la "U" y la concentración de aseos y archivos entorno al núcleo de comunicaciones, parecía inmediata la ubicación del salón de actos y de la sala de juntas. Y son justamente estas dos estancias las que van a revelar el carácter fragmentado y turbulento de nuestra cultura: abriéndose, cerrándose, plegándose y replegándose. Son estas dos estancias las que evocan una suerte de post-estructuralismo que ha incidido en la arquitectura, disolviendo los límites materiales y ocultando toda suerte de continuidad, revelando así el carácter plurívoco y polifónico de nuestra cultura. Si la "U" perimetral y el núcleo central obedecen a una modernidad de la que todavía no sabemos cómo salir, la potencia de las formas del salón de actos (una suerte de calamar) y de la sala de juntas manifiesta la desmaterialización del límite que en el fondo es correlativa a la pérdida total de cualquier suerte de referencia. Así, en la evanescencia y la difuminación de los límites, en la disolución de la masa y de lo pesado, la materia y la arquitectura se convierten en acontecimiento. En este sentido, el salón de actos y la sala de exposiciones son eso, acontecimientos dentro del orden de la "U" (contenedor de todos los despachos) y el centro (contenedor de los elementos comunes del edificio, de los aseos y archivos).

4.- Nuestra Biblioteca: Falsabilidad y luz.

Se puede observar el carácter movible y giratorio de los muebles de la biblioteca. Veamos por qué. Nuestra biblioteca obedece a la convicción de que el carácter del saber no es definitivo, y más concretamente el saber científico. Es falsable (superable sin contradecirlo, como advierte Popper) incluso a veces falible. El carácter epocal y la falsabilidad de los libros científicos y de la propia cultura nos llevan a considerar que los muebles de la biblioteca no tienen por qué ser fijos. La inmovilidad del mueble reflejaría un carácter de "definitivo" y de culminación, que a nuestro entender no tiene la ciencia de la construcción. Sin embargo, y desde otro punto de vista reconocemos que "un libro es luz", y una biblioteca es el lugar (manantial) al que uno acude para encontrar justamente la claridad, siendo esa claridad aquella que alumbra a la inteligencia. Esta es la razón por la que los muebles de la biblioteca están iluminados por los costados. Así pues, y en resumen: una biblioteca que se mueva, que no es caótica y laberíntica, como la de "El nombre de la rosa" de Humberto Eco, y unos muebles que dan luz, como lo hace el saber a la inteligencia creadora, que diría José Antonio Marina.

5.- El porqué de la forma.

El concepto de límite oscila entre una realidad física, que tiende a disolverse tras la fragmentación deconstructivista, una realidad cultural que difumina los contornos tras la globalización y una realidad virtual, mediatizada e informatizada. Son cada vez más los proyectos en los que se advierte la disolución de la materia, manifestándose una suerte de fluidez de las formas que parecen deslizarse en un medio acuso o fluido.

El suelo como apoyo tiende a desaparecer y los edificios empiezan a perder la fachada como tal. Los alzados son una continuidad del suelo, que en su deslizamiento, real o virtual, se prolonga desde el plano horizontal de apoyo hasta el vertical de cierre. Ya no resulta inmediata la distinción entre piel y apoyatura, entre estructura y cerramiento, sino que unos y otros se deforman dúctilmente configurando una nueva forma arquitectónica en la que el límite ha desaparecido. Lo real se disuelve en lo virtual, y el suelo que era el único lecho rocoso, firme y seguro de la arquitectura se pliega, formando una sutil envolvente diáfana (transparencia), y mutante (realidad virtual). La arquitectura empieza a delimitarse más que con un contorno, con curvas de nivel incesantes que dirigen el flujo de atención, de uso, y de recorrido. El exterior desaparece, el suelo deja de ser plano. La independencia que, respecto de la naturaleza, conformaba la razón de ser de la arquitectura en su amanecer, es decir, la delimitación entre intemperie y refugio, deviene obsoleta en un mundo que ya no tema a la naturaleza.

Comienza un proceso de flotabilidad en un flujo transformador, donde los contornos nítidos y precisos pasan a ser hoy cuestionados. El espacio se transforma en una suerte de centro de altas y bajas presiones que miden la intensidad de información. Es pura densidad polifónica, múltiple y significativa. El cartesianismo espacial ya no se ordena según relaciones de posición, sino según densidades cognitivas en las que el centro, como punto de equidistancia y referencia, desaparece transformándose en una alegoría física en cuya virtud, el medio es el mensaje. Junto a la desaparición del centro, también hay que constatar que la evanescencia del lugar entendido como ámbito de encuentro, toda vez la realidad es mera virtualidad y la comunicación múltiple e instantánea.

Junto a la disolución del límite se constata que el universo no es constante ni estático, más bien es elástico, por lo que la geometría tradicional y el comportamiento de los objetos, resulta obsoleto en un medio fluido. En este nuevo universo la forma arquitectónica se vuelve evanescente, difusa, borrosa incluso. No es inmediata la distinción interior-exterior porque ya no queda ni piel fragmentada. El nuevo espacio deviene elástico y fluido, a saber topológico.

Algunos estudios de arquitectos consideran que el nuevo paradigma para la arquitectura de nuestro siglo XXI es "el espacio topológico frente al cartesiano". La arquitectura ya no es fija y estática sino más bien flexible y dinámica, esto es, animada. El objeto arquitectónico, o esta definitivamente acabado. En el universo topológico, la matera se torna flexible y mutante. Pero tal consideración de deformabilidad y ductilidad requiere, para que los objetos mantengan su propia continuidad, una reconsideración en forma topológica. La topología viene siendo considerada como la geometría de la cinta elástica o del espacio elástico, abordando las características de los cuerpos geométricos del espacio que se mantienen invariables cuando el espacio se curva o se estira.

Lo material, lo pesado y tectónico se resuelve dúctil, por lo que no existen dos formas idénticas. La desaparición del límite, y la topología dan pie a una suerte de movimiento "animado" de lo tectónico, como si de un deslizamiento en un fluido se tratara. La animación es el nuevo modo de moverse, pues no implica necesariamente una acción previa y un cambio, sino una evolución de la forma frente a la estaticidad clásica de la arquitectura.

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